La escalera de las comunidades en el pasado fue mucho más que subir y bajar peldaños que te conducían a descansillos para derivarte a viviendas o a la salida. Era un lugar de vida y de compartir. Era ese espacio de encuentro donde los vecinos y vecinas se ayudaban cuando era necesario. En el marco del Proyecto Getxo Zurekin, impulsado por Fundación Doble Sonrisa con la colaboración de Agirre Lehendakaria Center (ALC) y Deusto Business School Health, se han recogido 55 testimonios y 80 narrativas en el municipio vizcaíno -siguiendo la metodología de ALC- que han desembocado en la necesidad de recuperar el pulso humano de aquellas escaleras.

Un conocido barrio de Algorta será el lugar en el que Getxo Zurekin, de la mano de vecinos y vecinas muy comprometidas, desarrollará esta acción `piloto´ cuya vocación es la de “llegar para quedarse y hacer más fácil, humana y amable la vida de los residentes”.

Esta iniciativa, trabajada con varios grupos y en tres reuniones diferentes y muy intensas, es una muestra de la eficacia de aplicar métodos de innovación social. ALC ha puesto a disposición de Getxo Zurekin su conocimiento al respecto de plataformas de innovación que han permitido la escucha y recogida de narrativas entre personas diversas de la zona. Se han tomado testimonios de maestras, enfermeros, representantes asociativos e institucionales, médicos, sociólogas, abogados…

De esa escucha ha surgido un interesante y revelador relato que ha servido a un grupo de veinte personas (de distinta edad, género y profesión) para pasar a la acción. Juntas han valorado las conclusiones y han realizado una cuarta reunión, una sesión de co-creación o co-diseño en la que han decidido que el impulso de la escalera es prioritario para su comunidad. Así, a finales del primer trimestre de 2020 se tendrán los resultados de esta acción `piloto´.

Rica fase de escucha

En la fase de escucha ALC recogió testimonios y narrativas en torno a las situaciones y vivencias antes del final de la vida; durante y después. “Las instituciones quieren tener un papel más importante pero no saben cómo abordar este tema”, reconocían algunos representantes de la administración mientras otros añadían que “los servicios sociales de Euskadi ahora mismo no contemplan el elemento relacional y humano como elemento central”.

Desde ámbitos como el médico se ponía encima de la mesa que “desde las facultades de medicina o enfermería no se forma en el final de la vida de manera transversal”. Asimismo, el mundo docente ponía el acento en la “necesidad de formar de manera directa en situación de duelo o enfermedad a los niños y niñas”.

Son solo algunos de los testimonios que abren la puerta, no solo en Getxo sino en otras partes, a implementar iniciativas que caminen hacia la consecución de comunidades compasivas donde la fuente de inspiración sea el desarrollo humano sostenible.