Los tiempos que vivimos son absolutamente excepcionales. Según todos los indicadores, nos encontramos ante una crisis de carácter sistémico que combina emergencias de tipo sanitario, socio-económico, medioambiental y democrática. Esta naturaleza compleja de la crisis impide una solución lineal o limitada a una respuesta técnica. Incluso en el momento en el que se encuentre una vacuna, tardaremos tiempo en poder responder positivamente al resto de crisis que se han generado como consecuencia del virus.

0. Humildad.

La situación creada por la COVID-19 está generando una eclosión de análisis y reflexiones sobre su posible impacto y la nueva sociedad a la que nos dirigimos. Muchas de estas reflexiones son protagonizadas por expertos en un fenómeno que nadie ha vivido con anterioridad y nos invitan a escucharlos con mucha capacidad crítica. Si queremos acertar hemos de ser más humildes.

En el lado positivo de la balanza, asistimos a un gran debate global que supone una oportunidad única para posicionar al pueblo vasco entre las naciones que lideran los modelos de desarrollo humano más avanzados. Desde ALC deseamos contribuir a este debate con la evidencia científica que hemos acumulado sobre nuestro pasado reciente y los espacios de experimentación y generación de conocimiento en los que estamos participando en Euskal Herria y a nivel global.

1.- El pasado.

Los tiempos que vivimos son absolutamente excepcionales. Según todos los indicadores, nos encontramos ante una crisis de carácter sistémico que combina emergencias de tipo sanitario, socio-económico, medioambiental y democrática. Esta naturaleza compleja de la crisis impide una solución lineal o limitada a una respuesta técnica. Incluso en el momento en el que se encuentre una vacuna, tardaremos tiempo en poder responder positivamente al resto de crisis que se han generado como consecuencia del virus.

Por estos motivos, resulta mucho más útil mirar al conjunto de la transformación socio-económica vivida por la sociedad vasca desde el final de la dictadura franquista con altos niveles de paro, desigualdad social, desmantelamiento de la industria y una imagen internacional marcada por la violencia como experiencia de la que poder aprender para responder de forma positiva a los retos que se nos presentan en la actualidad. La crisis que vivió la sociedad vasca en aquellos años también tuvo carácter sistémico y conseguimos responder de forma extraordinaria.

Existen muy pocas sociedades en el mundo que ante una crisis como la vivida por la sociedad vasca en ese momento histórico puedan presentar indicadores tan avanzados en materia de desarrollo humano sostenible (renta per cápita, esperanza de vida y niveles educativos). Desde el año 2013, ALC investiga los diferentes elementos que permitieron esta transformación desde una perspectiva de sistema complejo con el objetivo de entender mejor sus interconexiones y generar aprendizajes para el futuro. Esta experiencia está siendo estudiada por instituciones interesadas en impulsar transformaciones  sistémicas como la Comisión Europea, el EIT-Climate KIC, la OIT, en este caso en América Latina, y el PNUD.

Las 7 investigaciones desarrolladas por ALC en colaboración con las más prestigiosas universidades del mundo hasta la fecha (Columbia University, London School of Economics and Political Science, McGill University, etc), así como las que se encuentran en curso, demuestran que las decisiones estratégicas tomadas en el ámbito institucional, empresarial y social respondieron a un sistema de valores compartido. A pesar de las diferencias políticas o de modelo socio-económico en un momento de gran confrontación y violencia, estas investigaciones han encontrado narrativas comunes sobre lo que estaba pasando y en qué dirección debía caminar la sociedad vasca. Los valores identificados entre gran diversidad de agentes son la auto-responsabilidad, la solidaridad, la acción colectiva (expresada como auzolan) y la resiliencia.

Estas investigaciones destacan también el valor de la igualdad como elemento central en este sistema de valores. Los principales agentes protagonistas de esta transformación resaltan que en un momento de la máxima dificultad no es posible una acción concertada a menos que todos los agentes involucrados y la ciudadanía en general sienta que se está respondiendo en clave de igualdad. Si somos iguales, debemos trabajar juntos y repartir los resultados de forma equitativa.

Existe por la tanto una coherencia entre el sistema de valores compartido por la sociedad vasca en aquella época, las narrativas utilizadas para expresar estas creencias y las decisiones estratégicas tomadas en campos tan diversos como la apuesta por la manufactura avanzada, la economía social, la puesta en marcha de la ley de garantía de ingresos (RGI), la recuperación del euskera o la apuesta por reinventar la gastronomía vasca.

Sin expresarlo con estas mismas palabras, las experiencias investigadas nos hablan de un verdadero movimiento de transformación impulsado por un liderazgo compartido. Aunque todavía existan análisis que intentan explicar el conjunto de la transformación vasca desde una perspectiva temática u otorgando el liderazgo a una sola institución o agente social, la evidencia apunta a un liderazgo difuso y distribuido.

En el terreno de los déficits, las investigaciones conducidas por ALC indican que existen ámbitos como el de la igualdad entre hombres y mujeres y la protección medioambiental en los que la transformación vivida no ha sido capaz de ofrecer respuestas diferentes a las de nuestro entorno.

2.- El presente.

Las investigaciones que estamos desarrollando también demuestran coherencia entre el sistema de valores y creencias actuales de la sociedad vasca, las narrativas que utilizamos para expresarlos y las decisiones estratégicas que estamos tomando. Todavía es pronto para determinar cómo vamos a responder como sociedad, pero es probable que la crisis de la COVID-19 potencie narrativas más individualistas (cómo me afecta a mí y a mi familia) y, sobre todo, un deseo por volver a la situación anterior.

Existen dos posibles escenarios futuros y lo que hagamos en los próximos meses irá marcando la tendencia hacia uno u otro. Por un lado, un escenario en el que las narrativas individualistas tomen mayor peso y cada uno busquemos volver a nuestra situación anterior.  Este escenario favorece comportamientos autoritarios por parte de los gobiernos que debilitan el empoderamiento ciudadano. La alternativa es un escenario en el que las narrativas colectivas tomen mayor relevancia, en el que valoremos el esfuerzo colectivo para afrontar los grandes retos que nos interpelan y en el que lo comunitario recupere un rol central en todo lo que hacemos. Es decir, un escenario que replique la mentalidad que permitió a la sociedad vasca transformarse de manera exitosa, con valores subyacentes como la solidaridad y la igualdad.

Desde una perspectiva de innovación, el intentar volver a la situación anterior desde una perspectiva individual es uno de los escenarios más peligrosos que pueden producirse. Teniendo en cuenta todos los cambios que estamos viviendo, es científicamente imposible volver al mismo punto de partida y para poder responder positivamente a una crisis sistémica como la COVID-19 debemos pensar en un conjunto de nuevas acciones interconectadas. Una vacuna para el COVID-19 es fundamental a corto y medio plazo, pero debemos pensar en una cartera de iniciativas políticas, económicas y sociales que puedan conformar un verdadero movimiento de transformación a la altura del reto al que nos enfrentamos. La apuesta por intentar volver al escenario anterior, potenciará posiciones muy conservadoras que nos impedirán estar junto a aquellas sociedades que van a liderar el escenario post COVID-19.

En el momento actual, también participamos del debate global entre seguridad y confianza. Una vez más se nos obliga a elegir entre estar protegidos o renunciar a los derechos democráticos adquiridos durante siglos de progreso social. Ante este dilema y tomando como referencia nuestra propia experiencia reciente de transformación sistémica, la cuestión fundamental es si confiamos en la capacidad de la sociedad vasca para responder con responsabilidad, solidaridad y creatividad. ¿Confiamos en que podemos volver a responder de una forma tan extraordinaria o ya no confiamos en nuestra ciudadanía?

La actuación del gobierno español ha denotado una gran falta de confianza en su propia sociedad desde el inicio de la gestión de la crisis. Mientras en el resto de Europa (Francia y Portugal incluidos) se permitía a las personas pasear y hacer deporte confiando en su respeto a los criterios de distanciamiento social, España ilegalizaba estas actuaciones porque no creía que sus ciudadanas y ciudadanos se fueran a comportar de forma responsable. Esta decisión, que puede ser considerada como una cuestión menor, en el fondo, refleja el sistema de valores y creencias que están determinando las decisiones estratégicas en el Estado español. Deberíamos preguntarnos por qué la sociedad vasca ha aceptado estas decisiones de forma tan acrítica. En caso de compartir esta narrativa y los valores asociados a ella, estaremos marcando el camino hacia el modelo de sociedad al que nos dirigimos y quién va a tomar las decisiones estratégicas sobre nuestro futuro en los momentos clave. Un escenario en el que la sociedad vasca renuncia a confiar en su ciudadanía y a poder tomar sus propias decisiones en concertación con el resto de sociedades del entorno europeo.

Apelando una vez más al conocimiento científico, el problema radica en que la confianza es el elemento fundamental para poder desarrollar nuestro propio capital social. Y sin capital social será imposible responder a este reto descomunal.

A todo esto se añade un debate soterrado sobre los ámbitos de soberanía. Con la salud y la seguridad como aliados, el Gobierno Español ha eliminado de un plumazo la capacidad de las instituciones vascas de dar una respuesta propia a esta crisis. A pesar de contar con un sistema de salud y cobertura social más potente, una estructura productiva radicalmente diferente y un sustrato cultural diferenciado (clave para entender las respuestas comunitarias a la COVID-19) el Gobierno español ha decidido que la respuesta tiene que estar centralizada para ser más eficiente. Una vez más, tampoco existe evidencia científica que demuestre mayor eficacia en un sistema centralizado frente a un sistema distribuido con múltiples espacios de decisión interconectados dentro de la Unión Europea.

Al contrario, las decisiones adoptadas en ámbitos de decisión más cercanos a la problemática que se quiere resolver son, por lo general, más adecuadas por estar adaptadas a la realidad que se quiere cambiar. En este sentido, y desde posiciones políticas diferenciadas, nadie cuestiona que la transformación de Euskal Herria no se puede desligar de su nivel de autogobierno y de la capacidad para tomar decisiones por sí misma. 

Los déficits más importantes a los que nos enfrentamos en la actualidad guardan relación con la evolución del sistema de valores hacia comportamientos más individualistas, menos solidarios y centrados en conservar la calidad de vida alcanzada durante las últimas décadas en lugar de entender la transformación como un proceso que requiere una evolución constante y nuevos ámbitos de actuación.

3.- El futuro

Un análisis compartido sobre nuestro pasado más reciente y los cambios que se están produciendo en la actualidad nos puede ofrecer pistas interesantes sobre el camino a recorrer. En primer lugar, podemos construir el futuro sobre la confianza en que la sociedad vasca es una comunidad madura y resiliente. Si algo hemos demostrado a lo largo de la historia es que somos capaces de adaptarnos a circunstancias muy complejas ofreciendo una respuesta diferente. En lugar de responder como los demás, siempre hemos sabido conjugar elementos de conocimiento universal con una forma propia de adaptarlos a nuestra realidad y sistema de valores. Esta capacidad de resiliencia e innovación es todo lo contrario a una respuesta conservadora o aislada de nuestro entorno.

Teniendo en cuenta que nadie tiene todo el conocimiento y que no es posible responder de forma aislada a esta situación, la sociedad vasca deberá crear los espacios necesarios para construir una estrategia de inteligencia colectiva. El papel de las instituciones cambia. Ya nadie espera que tenga la solución a todos los problemas. A partir de ahora, pediremos a las instituciones que generen los espacios de encuentros necesarios para que, en estrecha colaboración con agentes sociales y ciudadanía, podamos desarrollar esta inteligencia colectiva).

Las estrategias tradicionales propias de una sociedad manufacturera como la nuestra deben poder combinarse con nuevas capacidades y estrategias de experimentación masiva. Las áreas estratégicas que la COVID-19 ha señalado como prioridad para el futuro son espacios en los que la sociedad vasca tiene un gran conocimiento avanzado (sistemas de salud, nuevos sistemas de protección social universales como la RGI, recuperación de la manufactura avanzada en Europa, rediseño de los sistemas alimentarios y gastronomía, digitalización, etc). El reto no es seguir haciendo lo mismo o intentar volver a la situación anterior, sino utilizar esa posición de liderazgo para hacer de Euskadi un espacio de experimentación avanzada donde estos conocimientos pueden ser interconectados. Nuestra propia experiencia nos avala como una sociedad que sabe responder a situaciones de crisis sistémica de forma innovadora.

Nuestra historia reciente también nos invita a pensar que el éxito o fracaso a esta crisis depende de los valores en los que cimentemos nuestra respuesta y, de forma especial, en la importancia que otorguemos al concepto de igualdad. Cualquier estrategia que no esté construida sobre unas bases sólidas de igualdad está condenada al fracaso. Aquellas sociedades que apuesten por soluciones que beneficien estructuralmente a unos por encima de otros impedirán una respuesta colectiva. En ese contexto, cada uno defenderá sus propios intereses, pero como sociedad será incapaz de responder de forma efectiva al reto planteado. No se trata sólo de una cuestión de justicia social sino de efectividad, competitividad e impacto. La igualdad es, tomando como ejemplo nuestra propia experiencia, la clave para superar esta crisis en términos de desarrollo humano sostenible.

Nuestra forma de ver el mundo condiciona las estructuras sociales, políticas y económicas que nos rodean. Manuel Castells, actual Ministro de Universidades del Gobierno Español defiende que la “economía es cultura”. Las decisiones estratégicas que tomamos sobre cuestiones tan tangibles como la COVID-19 y sus repercusiones económicas estarán construidas sobre una forma determinada de entender el mundo y el desarrollo humano. Si pensamos que debemos volver a la situación anterior y que un modelo de desarrollo humano más sostenible no es posible, tomaremos decisiones que son coherentes con esta forma de entender la realidad.

Tan sólo hace 40 años, en una situación de colapso de la industria pesada, del final de la dictadura y en el inicio de la construcción de un nuevo tejido institucional, a la que se añadían los efectos de la violencia, la sociedad vasca interpretó que un cambio estructural sí era posible. No sólo eso, sino que ante los mismos retos que tenían muchas otras sociedades industriales, se construyeron respuestas totalmente diferentes y más equitativas. Fue el momento de la apuesta por la manufactura avanzada (que las principales instituciones españolas y europeas desechaban), por la economía social , la instauración de una ley de garantía de ingresos básicos (muy similar a la renta básica) y por la recuperación del euskera, entre muchas otras expresiones del denominado “caso vasco”.

Por algún motivo que todavía no alcanzamos a comprender en toda su profundidad, nos auto-convencimos de que el cambio era posible y lo pudimos llevar a la práctica en unas claves diferentes. Este hecho histórico tan especial, pero al que nosotros no damos ninguna importancia, es el motivo por el que pensadores tan influyentes como Thomas Piketty, Mariana Mazzucato, la Comisión Europea, la OCDE o el PNUD están especialmente interesados en la experiencia vasca.

La pregunta fundamental es si seguimos pensando que hoy es posible una nueva transformación tan importante como la vivida en las últimas décadas. Una transformación que permita responder a la COVID-19 adaptando nuestra base industrial en una economía circular y baja en carbono, que reinvente las políticas públicas para responder a las necesidades de una población envejecida y que haga frente a las desigualdades sociales procurando una vida digna a todas las personas. En definitiva, si podemos elevar nuestra capacidad de ambición colectiva para dar una respuesta propia a retos que son globales como hicimos en el pasado.

Un futuro más ambicioso

¿Nos atrevemos a transformar el conjunto de la economía vasca en circular como está haciendo Eslovenia? No hablamos de impulsar proyectos de economía circular sino de diseñar una misión de país (como sugiere la Comisión Europea) para convertir toda nuestra economía en un sistema circular. La iniciativa Debagoiena 2030 ha sido diseñada con este nivel de ambición.

¿Pensamos que es posible crear cooperativas vascas de larga escala para competir con los modelos de plataforma como Uber, AirBnB y Deliveroo? Los modelos alternativos en los que los proveedores de los servicios son los dueños de estos agregadores digitales miran a Euskal Herria como el único lugar en el que se han construido plataformas cooperativas de larga escala.

¿Podemos ofrecer la experiencia de reindustrialización vivida por la sociedad vasca para acompañar a los países que debido a la COVID-19 van a apostar por recuperar procesos de manufactura avanzada? Nuestro ecosistema, además de ser distribuido, incorpora modelos de gestión vinculados a la economía social que pueden garantizar modelos más equitativos.

¿Consideramos que la actual RGI puede evolucionar hacia nuevos modelos de Renta Básica Universal (UBI) y compartir la experiencia vasca en su implementación en un momento en el que la mayoría de gobiernos van a experimentar con este tipo de medidas?

- ¿Podemos conectar el conocimiento avanzado que existe en Euskal Herria en el ámbito de la gastronomía para el rediseño de los sistemas alimentarios como consecuencia de la COVID-19? En Tailandia ALC ya está colaborando con los mejores talentos de la gastronomía vasca en un proceso de experimentación masiva que sirva para rediseñar los mercados de productos locales, formación digital o nueva regulación.

La respuesta socio-sanitaria a la COVID-19 ha permitido visualizar modelos de respuesta más avanzados que combinan los actuales servicios institucionales con iniciativas comunitarias. ¿Estamos dispuestos a imaginar la siguiente generación de los servicios socio-sanitarios desde una perspectiva distribuida y digital?

¿Podemos incorporar nuevos mecanismos de gobernanza a nuestra práctica institucional que nos permitan anticiparnos a los retos de la nueva agenda política en lugar de actuar de forma reactiva? La Diputación de Gipuzkoa a través del programa Etorkizuna Eraikiz ya está trabajando con la OCDE en este terreno.

En el pasado reciente, la sociedad vasca entendió que la recuperación del euskera debía ser un elemento fundamental del proceso de transformación. ¿Seremos capaces de que el euskera sea una de las palancas de la nueva transformación?

No hay expertos del futuro, pero hay actitudes que nos lo acercan y otras que nos alejan de él. Apostar por el conocimiento o la ignorancia es el dilema de nuestro tiempo. Esto es: tensión o relajo intelectual; temor-vigilancia o confianza en las personas de nuestra comunidad; transformación socio-económica-política inclusiva o exclusiva; crecimiento económico o Desarrollo Humano Sostenible.

Desde Agirre Lehendakaria Center apostamos por el conocimiento y la experimentación. Apostar por este camino nos permitiría responder de forma sistémica a los efectos –muchos aún desconocidos- de la COVID-19, prepararnos ante futuras “pandemias” económicas, sociales, políticas y medioambientales que ya habitan entre nosotros, y, en definitiva, a posicionar a Euskal Herria como un laboratorio de experimentación masiva para el Desarrollo Humano Sostenible, atraer el conocimiento más avanzado para abordar estos retos globales y poder construir nuestras propias respuestas.

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